Por qué emigrar

Para encontrar un empleo, quiero irme al extranjero, directamente.

De dónde me sale este ansia incurable de emigrar, me gustaría saber. De qué huyo, si es que huyo de algo. A dónde quiero llegar, si es que quiero ir a algún sitio.

Me gusta mi vida, así en general. Tengo una buena relación con mi familia. Tengo amigos. Tengo novia. Vivo en una casa en la que estamos abonados a Canal Plus. Todo eso está aquí, en mi ciudad de siempre, aparentemente sin voluntad de moverse de ella. Tengo mi basket, dos o tres días a la semana, según si estoy cansado o si hay Champions el martes. Tengo mis tascas el jueves si no llueve o hace mucho frío o alguno de los tres habituales tiene mucha faena o está gravemente enfermo. Tengo mis cenas del viernes, mi primera hora de Tiempo de Juego de los sábados, mi arroz al horno de los domingos y mi escapada a la playa en los días un poco melancólicos. Me gusta mi vida, así en general.

Tengo miedo de que mi vida me deje de gustar, de aburrirme de ella. De darme cuenta o reconocer que ya he empezado a aburrirme un poco de ella. Miedo a frustrarme. Miedo, quizás, a ver que mi vida es demasiado parecida, demasiado pronto, a la de los demás. Tampoco quiero una vida muy diferente a la que tienen los demás, la verdad. No quiero vivir seis meses en Tailandia y seis aquí, aunque suene muy exótico y atrevido. No quiero irme a Barbados con un billete de ida o a las Islas Vírgenes a ver qué hay allí. En realidad quiero hacer todas las cosas que he descrito antes (tascas, arroz, basket, cenas). Pero quiero hacerlo tranquilo. Quiero hacerlo con la sensación que tiene quien ya ha hecho muchas (o unas cuantas) otras cosas. No sé muy bien qué son estas cosas. Quizás soy un ingenuo, o confío demasiado en mi buena suerte o en el poder de sugestión de los títulos rimbombantes, pero tengo la sensación de que, tarde o temprano, más tarde que temprano, encontraría un trabajo medio decente en una empresa de ascensores o en una azulejera, y que podría dedicarme, entonces sí con independencia económica real, a disfrutar de las cuatro o cinco cosas que enumeraba más atrás.

Nunca he buscado trabajo de lo mío, ni en mi entorno ni fuera de él, pero creo que lo encontraría no demasiado lejos, aunque fuera más tarde que temprano, pero lo encontraría. El caso es que no me motiva, ahora mismo, buscar trabajo por aquí. No me atrae embarcarme en la locura de vivir una vida convencional, tan pronto al menos, sin ni siquiera haber probado el vivir durante un tiempo corto la experiencia de una vida poco convencional, fuera de mi entorno y de mi zona de comodidad. Creo que tengo claro dónde quiero terminar, que es aquí, y con una vida no demasiado complicada. Pero creo que no es ahora, cuando quiero terminar aquí. Creo que me conformaré con trabajar en una empresa de ascensores o en una azulejera, cuando haya visto otras cosas, cuando haya aprendido otras lecciones, cuando haya hablado con más gente (tranquilos, no voy a mencionar lo de otras culturas).

Quiero emigrar para ahorrarme la frustración de pasarme diez meses aquí sin trabajo. Quiero emigrar ya para sentir que me marcho porque quiero, porque me apetece, y no porque me echan, por que no tengo más remedio. No quiero emigrar amargado. No quiero emigrar agobiado ni arruinado. Quiero emigrar ilusionado, y para eso, hay que emigrar pronto.

Quiero emigrar para quitarme de encima la Teoría de las Ventanas.

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