El primer e-mail

Después de dedicar un par de semanas al estudio de alternativas, a la búsqueda de información sobre cada una de ellas, y a elaborar y perfilar el CV, uno empieza a tener ganas de poner a prueba todo este trabajo. Hay ganas de enviar el primer CV a una empresa. Como comenté, considero Chile como una interesante alternativa porque hay posibilidades de encontrar empleo como ingeniero, porque conseguir un visado de trabajo no parece excesivamente complicado y porque me permitiría conocer un lugar muy diferente a donde vivo ahora. El primer e-mail lo mandaré a Chile.

Se le da mucha importancia al primer e-mail porque van muchas ilusiones depositadas en él. Uno lleva varias semanas investigando, recopilando información y preparando documentos, e imagina que la recompensa a esa escasa dedicación será rápida y satisfactoria. Que las respuestas no tardarán en llegar. Que las ofertas tampoco se harán esperar mucho. Es lo que tiene el primer e-mail.

Filtro el listado de empresas consultoras (que ya mencioné en otro post) por la especialidad que me interesa y me salen una totalidad de 52 empresas relacionadas con la ingeniería ambiental. No son estas todas las empresas de Chile dentro de este área: son solo las empresas registradas dentro de la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería de Chile. Fuera de esta asociación, debe haber muchas más, lo cual son buenas noticias.  Dentro del listado encuentro una empresa con nombre atractivo, web elegante y moderna, que se dedica exactamente al tipo de actividad que me atrae en estos momentos: auditoría ambiental, gestión de residuos, estudio de emisiones contaminantes. Voy a por ella.

Dedico aproximadamente un par de horas a redactar una carta (en este caso un e-mail) de presentación, basándome en los modelos de carta (lo que en inglés llaman cover letter) que encuentro aquí, aquí y aquí. Preparo una carta genérica, que pueda enviar a diversas empresas dentro del mismo sector, dejando ciertos huecos en blanco, que iré rellenando en cada caso para personalizarla al tipo de negocio en cuestión. Dirijo el correo al director general de la empresa, con un par. Le medio-miento explicándole que voy a estar en Chile a partir de una fecha determinada para viajar por distintas regiones del país y que por lo tanto estoy abierto a concertar una entrevista de trabajo. Le expongo brevemente mis conocimientos y motivaciones, e intento demostrarle que le he dedicado más de 5 minutos a explorar la página web de la empresa. Repaso también minuciosamente la ortografía de mis ilusionantes 320 palabras.

Además de estar cargado de ilusión, el primer e-mail rebosa ingenuidad por los cuatro costados. Uno percibe que su CV ya es perfecto e insuperable, que poca gente más habrá decidido enviar una candidatura espontánea a esa misma empresa y que quien lo haya hecho, difícilmente habrá redactado una carta tan concisa pero atractiva como la suya. Uno se imagina al director general de la empresa receptora dejando a un lado lo que esté haciendo en ese mismo instante para prestar atención al correo que entra, para estudiar hasta el último dato del CV que se adjunta. Se lo imagina incluso respondiendo de inmediato para agradecer la carta y proponer una fecha cercana para la deseada entrevista. Uno se imagina ya trabajando en esa empresa: revisa el organigrama, que además viene con fotos, y ya se ve compartiendo oficina con compañeros que progresivamente se irán convirtiendo en amigos puesto que serán en los primeros meses sus únicos conocidos en este país lejano. Uno se siente ya mismo trabajando en Chile después de haber enviado una única carta junto con un solitario CV, y se lo llega a creer.

Esta ingenuidad es la que le hace a uno actualizar el buzón de entrada del correo cada treinta segundos.

Cuando han transcurrido cinco frenéticos minutos sin noticias por parte de Chile, y uno todavía no tiene empleo, se da cuenta de que lo mejor que puede hacer es sentarse, perfilar su CV y su carta de presentación, y seleccionar la segunda empresa con la que se pondrá en contacto para ofrecerle la posibilidad de concertar una entrevista. Es lo que tiene el segundo e-mail: uno sigue con la misma ilusión, pero ya es un poquito menos ingenuo.

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