Cien empresas diferentes ya tienen mi curriculum

Con el CV ya elaborado, la cover letter redactada y la tabla de skills repleta de habilidades, me muero de ganas de compartir toda esta información con el resto del mundo. Pienso que, cuantos más correos envíe, más probabilidades habrá de recibir respuesta. Inundo el planeta entero con mi perfil laboral.

Saco de Internet una lista de empresas chilenas relacionadas con el sector de la ingeniería ambiental. En un principio, tengo pensado ir enviando CVs a razón de 5 diarios para ir viendo qué acogida tienen dentro de estas empresas. Al tercer día, me canso de esta política y los mando a chorro, a todas las que puedo, a discreción. Abro un archivo Excel en el que me voy apuntando el nombre de la empresa, la página web, el correo, la persona de contacto y su línea específica de negocio (la que menciono en la cover letter para dotar a la carta de un aire más personalizado). Si volviera a comenzar ahora con este fichero, me apuntaría también la fecha en la que mando el correo y la versión del CV que les paso.

Voy a destajo, en plan robot. Dentro de las páginas web, busco el nombre de algún empleado encargado de los recursos humanos dentro de la empresa. Si no lo encuentro, dirijo mi correo a algún directivo importante dentro de la compañía. Si tampoco lo encuentro, a cualquier empleado dentro del sector relacionado con mi perfil. En última instancia, si no encuentro el nombre de ningún miembro de la empresa, mando la carta y CV a la dirección de correo genérica de la empresa (la dirección que habitualmente es info@empresa.com o similar). Anego Chile con mi CV. Agoto mi lista de empresas y todavía no me ha contestado nadie.

Cuando me aburro de buscar empresas en Chile, miro hacia el resto del mundo. Utilizo Google para buscar empleo como ingeniero ambiental en Holanda y me encuentro con esta página web con información de cientos de empresas de este tipo en todo el continente europeo. Me vuelvo loco. Mi trabajo tiene que estar por ahí. Inundo también Europa. Perfecciono el sistema, acelero el mecanismo, prácticamente automatizo el procedimiento. En picos de rendimiento, el robot en el que me he convertido es capaz de enviar hasta 5 correos por hora. No pienso, solo envío.

Siguiendo esta estrategia, en cuestión de pocos días te plantas en el correo número cien. Una vez alcanzada esta simbólica cifra, parece lógico detenerse un instante, mirar atrás, observar lo conseguido y recapacitar.

En ese momento, llevo aproximadamente un mes buscando trabajo y he enviado CVs acompañados de carta de presentación a 107 empresas diferentes, ubicadas en 25 países distintos: 42 en Chile, 14 en Reino Unido, 7 en Hungría, 6 en Polonia, 5 en Italia, 4 en España, República Checa y en empresas multinacionales, 2 en Alemania, Bélgica, Finlandia, Perú y Serbia y 1 en Austria, Canadá, China, Croacia, Ecuador, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Islandia, Portugal y Sudáfrica.

  • De estos 107 correos, 29 han obtenido respuesta (un 27%).
  • De estas 29 respuestas, 13 son de robots, que me comentan en su perfecto inglés robotizado que mi CV está siendo revisado.
  • De estas 29 respuestas, 10 son directamente negativas, en las que habitualmente me comentan que no están buscando a nadie con mi perfil en estos momentos, aunque se guardan mi CV en caso de que en un futuro surja algo relacionado. Llega un punto en el que incluso te alegras de que te respondan para decirte que no. Por lo menos responden, piensas.
  • Las otras 6 respuestas, las catalogo como positivas porque me agradecen el CV y me comentan que lo tendrán en cuenta, aunque siempre añaden que me vuelva a poner en contacto con ellos en cuanto me encuentre físicamente en el país.
  • Los 78 correos restantes no tienen respuesta.

A la vista de los resultados, no parece un gran éxito este sistema. Reviso el CV y me encuentro con detalles que todavía son mejorables. Releo la cover letter y veo que, aunque tratar de ser personalizada, todavía se nota que es un corta/pega enviado a decenas de empresas similares. Miro en la carpeta de Enviados y me sorprendo con que incluso he cometido algún error de bulto, como enviar una carta a una empresa mencionando dentro de ella el nombre de otra empresa competidora a quien había escrito previamente. Me comentan en algún sitio además que los CVs que las empresas reciben a través de su buzón de correo genérico van directamente a la basura, al no ser ese el canal habitual para este tipo de asuntos.

Un desastre.El método robotizado no funciona. Hay que cambiar de estrategia.

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