El riesgo de mentir o exagerar en el curriculum

Como contaba hace días, poco después de poner en funcionamiento mi precaria red de contactos, recibo un correo de una empresa alemana en el que me preguntan cuándo estoy disponible para una entrevista telefónica. La empresa no está directamente enfocada al sector en el que busco trabajar (la ingeniería ambiental), aunque algunos de los proyectos que desarrollan sí están relacionados. Básicamente se dedican a tres sectores: aeroespacial, energía eólica y automoción. Estoy disponible desde ya, les respondo rápidamente. Me citan para un par de días más tarde, al teléfono a las 2 de la tarde. La entrevista será en inglés, claro.

Dedico esos dos días a tiempo completo para preparar la entrevista. Es poco tiempo. Ellos ya tienen el CV que les pasó mi compañero de piso de Erasmus, con lo que fundamentalmente me centro en preparar lo siguiente:

  • Una buena presentación de mí mismo. Aunque suene estúpido, no es nada fácil presentarse a uno mismo en frío, sin haberlo preparado convenientemente. De esto podríamos hablar otro día.
  • Unas cuantas razones que justifiquen que puedo serle útil a la empresa. Es decir, contarles en tres o cuatro frases cómo se alinean mi formación y mis conocimientos con las actividades que ellos desarrollan.

Me aprendo todo esto de memoria y espero con ansia la llamada desde Alemania, que por supuesto se produce a la hora en punto acordada. La chica que me entrevista es simpática y además joven y guapa (previamente he encontrado su foto en la página web de la empresa). Es de Recursos Humanos. La conversación es agradable. Comienza pidiéndome que me presente, que aporte algo de información sobre mí mismo. Con el papel delante sirviéndome de guía, hablo durante tres minutos seguidos sobre mí mismo, explicándole lo que he estudiado, lo que busco y por qué creo que puedo resultarle útil a la empresa. La abrumo un poco, me da la sensación. No esperaba una respuesta tan larga. Me comenta que no ha podido apuntarlo todo, que quizás hablo un poco deprisa. No creo que estoy haya sido del todo malo (le demuestro que hablo bien inglés), pero lo tengo en cuenta para el resto de la entrevista.

Después de la presentación, la entrevistadora prosigue haciéndome preguntas concretas, todas ellas relacionadas con lo que he incluido en mi CV. Me pregunta por asignaturas concretas de la carrera y el máster. Me pregunta por mi experiencia en la utilización de los programas informáticos que allí menciono. Me pregunta por el contenido de mi tesis y por algunos de los aspectos que utilizo para justificar mis skills (concretamente sobre una corta experiencia laboral y sobre una estancia universitaria en Bélgica). La entrevista va de maravilla, respondo a todas sus preguntas dando detalles e intentando hablar despacio y claro. Estoy relajado.

La entrevistadora alcanza la parte final de mi CV, la sección de idiomas, y es aquí donde me meto en un pequeño lío. Menciono en esta parte del CV que soy capaz de comunicarme en Castellano (lengua materna), Inglés (nivel avanzado gracias al CAE), Holandés (por un curso tomado durante los 7 meses en Bélgica), Portugués (por el curso Erasmus) y Francés (por un par de asignaturas de la carrera). La chica me pregunta si sé algo de alemán. Le comento que hice un curso muy básico en la universidad, pero del que solo recuerdo palabras sueltas y alguna frase absurda. Me pide que se la diga y así lo hago. La frase es realmente estúpida pero no me corto: Ich möchte eine spaziergang machen. Bien, me digo, al menos le he demostrado que recuerdo algo de lo que aprendí, y ni siquiera lo había incluido en el CV. Positivo.

Me comenta que no está capacitada para evaluar su hablo Holandés o Portugués, porque son idiomas que no conoce, pero en cambio sí quiere comprobar mi nivel de Francés. I am French, by the way, me dice. Nervios. Hace años que no estudio Francés, que no leo ni digo nada en Francés (y tampoco era capaz de leer ni decir mucho, en su momento), pero he mencionado en mi CV que soy capaz de comunicarme en ese idioma: no puedo echarme atrás ahora o dará la sensación de que he mentido en el CV, lo cual resultaría absolutamente terminal para mis opciones de conseguir trabajo. Tengo que rescatar mis escasos conocimientos de Francés en pocos segundos. Me pregunta sobre qué tema quiero hablar, y le comento que no me importa, que elija ella, como si yo estuviera sobrado de temas en los que puedo comunicarme en Francés. Supongo que con afán de ponérmelo fácil, me dice que hablemos un poco de mis aficiones, que le explique en Francés lo que me gusta hacer en mi tiempo libre. Vamos allá.

Con un gigantesco esfuerzo, intento explicarle a mi entrevistadora francesa que lo que me gusta hacer en mi tiempo libre es hacer deporte con los amigos, leer, escribir, viajar y unas cuantas obviedades más. Todas mis oraciones empiezan con un interesante “J’aime beaucoup…“. El discurso es inconexo y muy pobre en su vocabulario. La pronunciación es infame: en realidad tengo la sensación de estar hablando en español con acento francés, poniendo boquita de piñón y exagerando la pronunciación de las erres como si fueran ges. Al comentarle que me gusta mucho “le litegatuge espagnole” casi me da la risa.

Percibiendo que lo estoy pasando fatal, la chica me para al minuto y medio de discurso en Francés y me hace un par de preguntas más relacionadas con otros aspectos de mi CV. Tal y como me habían informado en el correo, me comenta que en estos momentos no buscan a nadie específico en la empresa, y que la entrevista tenía como función profundizar en mi CV, conocerme un poco más en caso de que en un futuro próximo salga una vacante con un perfil similar al mío. Le agradezco la entrevista y me despido con un guasón “Au revoire!“.

La conclusión que saco de esta entrevista está clara: hay que tener mucho cuidado con lo que se incluye en el CV. Una entrevista que va por muy buen camino se puede torcer de manera irreversible si no eres capaz de justificar algún aspecto de los que mencionas en el CV. Tengo la sensación de que había preparado bastante bien la entrevista, pensando en profundidad cómo mis conocimientos y habilidades me permitirían contribuir a la empresa, pero en ningún momento sospeché que necesitaría corroborar mis conocimientos de Francés. Puede suceder, visto lo visto. Si le llego a decir a la entrevistadora francesa que no recuerdo casi nada de Francés, que no me veo capacitado para mantener una conversación aunque sea básica, habría dado la sensación de que mentí sobre este idioma, de que en realidad no conozco ni una sola palabra. Directamente descartado. Aun así, tengo muy claro que mi actuación tampoco ha sido memorable: solo he sido capaz de decirle cuatro o cinco frases un poco ridículas con un nivel de contenidos y pronunciación propios de la educación primaria. Claramente se percibe que he exagerado sobre mis conocimientos de Francés. ¿Habrá exagerado en algún otro aspecto más?, imagino que se preguntará mi entrevistadora. Una muy buena entrevista ha podido convertirse en simplemente una entrevista decente. Las posibilidades (o el riesgo) de que me pidieran hablar en Francés eran pequeñas, pero las consecuencias del desastre podrían ser decisivas.

En fin, me aplico el cuento. Reviso el CV,  palabra por palabra. Dejo claro mi nivel de conocimientos en aquellos aspectos en los que no soy experto. Reviso temas que allí menciono pero que hace años que no manejo. Quito un par de cositas, que aportaban más bien poco y podrían suponerme un problema en futuras entrevistas.

Todavía no repaso mi libro de Francés de primaria, pero localizo en el altillo la caja en la que está acumulando polvo desde hace ya más de quince años.

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